Mundo ficciónIniciar sesiónRobin me miró durante varios segundos. Era claro que estaba librando un debate consigo mismo. Al final, pasó un brazo por mi cintura para atraerme hacia él.
—Sí, ellos se amaban mucho, desde niños —susurró mientras hundía su rostro en mi hombro.—Entiendo ahora por qué me dices que no es buena persona. Además, no te he dicho: yo, desde niña, siempre que me pasaba algo malo, sentía esta extraña sensación de escalofrío en mi columna vertebral —confesé mientras lo estrechaba con fuerza—. Y esta mañana, al salir del elevador, cuando lo dejé mirándome, lo sentí. No me gusta. Le diré a Robert que lo despida hoy mismo.Nos quedamos así por un momento, en un grado de quietud que incluso Iris habría admirado si su sistema estuviera programado para interpretar el equilibrio emocional entre humanos






