78. FINAL FELIZ.
Mis ojos rodaron nuevamente por su rostro, estábamos solos en la habitación de nuestra casa.
Stan miraba cada cosa como si fuese nueva o de alguna clase de exposición de objetos extraños.
—¿Estás bien?
—Si, solo quiero recordar cada cosa.
—Van a estar aquí para siempre.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—¿Tienes miedo?
—Como nunca antes.
—Ven aquí.
Tomé su mano y nos senté en la orilla de la cama, mi panza estaba abultada por lo que moverme no era difícil, pero tampoco una tarea imposible, den