66 .LA VENGANZA DE ALICE.
Los pies de Virginia se movían presurosos por el pasillo del hospital, dos meses después y mientras su pequeña barriga crecía y ella trabajaba sin descanso en el despacho, había recibido una llamada.
Aiden había despertado.
Su pecho se conmocionó, había llorado y había sentido la emoción de conectar con su bebé, yo la esperaba cerca a la puerta de Aiden, donde nadie podía entrar porque seguían examinando al que recién abría sus ojos.
El hombre milagro. Dijo una enfermera.
—¿Qué te han dicho?