56. ISMAEL.
STAN.
Mis ojos estaban fijos en las acciones de Alice, la miraba caminar por el lugar tan desconcertada que no sabía que pasaba por su cabeza. Se acercó al cerdo que estaba arrinconado y lo miró.
Lo miró durante un largo, largo tiempo y luego se acercó al grillete que tenía alrededor de su pie.
—¿La llave?
—Alice, no.
—Stan, dame la llave.
Me acerque al pequeño armario y la tome. Pero antes de entregarla me quede mirándola fijo.
—No sabes lo que haces.
—Si lo sé —suspiro—, este hombre n