28. LOS SOBRES.
STAN.
Luego de hablar con Aiden, estaba mal. Demasiado mal, lo suficientemente mal como para encerrarme en el despacho de mi casa y moler a golpes todo, el sobre reposaba sobre mi fino y lujoso escritorio.
Tenía muchos pensamientos en mi cabeza, no todos malos, pero no todos buenos.
Mi alma estaba en una pelea constante, entre el agradecimiento y el aborrecimiento.
Amaba a mi familia con locura, para mí no existía nada más importante que ellos. Mi padre, mi madre que ha sido la mejor y la que