Pero no logro pasarlo. Su mano sale disparada, envolviendo mi muñeca, haciendo que mis ojos se abran y se cierren con los suyos.
—¿Cuánto tiempo vas a seguir corriendo?— pregunta en voz baja, sólo para que yo lo escuche.
Trago, sin estar segura de qué diablos decir. —No soy…—
Me deja ir. —Lo eres. Pero ahora me pregunto si es tuyo o mío—.
Mi cabeza se echa hacia atrás, sorprendida y molesta por sus palabras. Me burlo y salgo por la puerta, sintiendo su mirada seguirme hasta mi auto.
—Vi eso—, c