Se me llenan los ojos de lágrimas, mi garganta pide misericordia a gritos, pero Dios, lo amo todo. Su mano sostiene mi cabello con tanta fuerza que me duele. Su polla entrando y saliendo de mi boca. Cada vez que su polla golpea el fondo de mi garganta, me hace tomar más.
—Estoy a punto de correrme—. Él jadea, su mano retuerce mi cabello en su agarre, moviendo mi cabeza hacia arriba y hacia abajo más rápido hacia él. —No te atrevas a dejar escapar ni una sola gota de tu boca.—
Gimo ante sus pala