—Cuñado, me falta uno de mis pendientes —la voz de Leilani resonó en la mente de Marcus, con un tono de urgencia—. No sé si se me cayó en el comedor privado del bar, en tu coche o en algún otro sitio.
Marcus frunció el ceño, invadido por una oleada de irritación. ¿De verdad era tan descuidada, o se trataba de una elaborada estratagema? No podía quitarse de la cabeza la sensación de que había algo más detrás de todo esto.
—Revisaré el coche más tarde —respondió secamente, con los dedos suspendid