No voy a casarme con Joana.

Mientras tanto el asistente Rogelio llegaba a su casa y ponía al cobayo en su sala de estar. El justo se sentaba frente a él

— Ahhh... Creo que no me pagan lo suficiente como para también cuidar de una mascota...

Afortunadamente el hombre vivía solo. No tenía novia, ni amante, ni esposa, así que por un momento pensó que le vendría bien la compañía del cobayo y lo sacó de su jaula para jugar con el y darle un poco de lechuga.

Kui... kui... kui...

— Tienes muchas energías, eh...

(..
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