Caroline hizo su entrada, como una visión celestial que robó la respiración de todos en la habitación. Su vestido color negro largo y sexy, ceñido a su cuerpo esbelto, resaltaba cada curva y contorno de su figura. La seda negra parecía fundirse con su piel, como si fuera una extensión de su propia esencia.
Irene, Berenice y Lisandro se sorprendieron al verla, sus ojos fijos en la belleza que se erguía ante ellos. Irene se sintió eclipsada por la radiante presencia de Caroline; su propia belleza