—¡Deja de llorar!— le ordena Berenice a Aileen, la niña se siente destrozada por la situación.
—Eres una abuela mala, muy mala. No te quiero y nunca te voy a querer. Le diré a mi papito lo que has hecho. Ya no quiero vivir aquí— lo dice con mucho resentimiento y sus mejillas rosaditas empapadas de lágrimas.
—Es tu palabra contra la mía, mocosa. Y de aquí no saldrás nunca, porque tu madre estará mucho tiempo en prisión. Así no te guste, aquí te quedarás porque eres una Caristeas
—¡Mala!! ¡Mala!