—Esa es mi petición, hijo. No te cuesta nada hacerlo, a menos que estés enamorado de esa gata, lo cual sería un desperdicio
—Sabes que Berenice…— Parker tuvo que contener sus palabras y lo único que dice es: —Déjame pensarlo— se da la vuelta porque no es capaz de mirarla más, ya que literalmente, donde Berenice fuera hombre, se agarra a puñetazos, pero como es una mujer, con golpes él no se va a igualar. Si no de otra forma...
—Se que tomarás la mejor decisión, hijo. Después de todo, te quiero