El silencio reina en la sala, aunque Lisandro no se contenta con la confesión. Después de todo, Irene y su hermano lo traicionaron. Sin embargo, no los juzga. Lo que hace es suspirar y romper el silencio.
—Se que no es un buen momento, pero si no tengo nada más que hacer aquí, me marcho— mira a Irene, la cual no para de llorar. —Solo quiero finalizar algo que nunca debió iniciar. Quiero el divorcio— habla con firmeza, sacando valentía sabiendo que el ambiente está tenso.
—¡Largo!— ordena el señ