—¡Eso es lo que mereces! ¡Después de lo que le hiciste a mi hija!— Lisandro se sintió un golpe en el estómago por parte del señor Eduardo. Sabía que había lastimado a Irene, pero no se esperaba esta reacción.
—Señor, por favor, déjeme explicar— susurra con dificultad porque ese golpe le sacó el aire.
—No hay nada que explicar. Mi hija lloró durante noches enteras por tu culpa. ¿Crees que puedes estar frente a mí y esperar que todo esté bien?— Lisandro se dio cuenta de que estaba en peligro. Su