Capítulo 264. Lo que no puede seguir callando.
Amy Espinoza
El pasillo quedó en silencio en cuanto Adrián se marchó.
El ruido de sus pasos alejándose se sintió más largo de lo normal, como si cada uno arrastrara algo de la tensión que acabábamos de vivir.
Mía lo miró irse sin entender demasiado.
—¿A dónde va papá? —preguntó, abrazando su peluche.
Me arrodillé para quedar a su altura.
—A hablar con alguien importante, mi amor. No te preocupes, él volverá después —respondí, acariciándole la mejilla.
Ella pareció quedarse conforme, pero igual