C79: MI SANGRE NO PODRÁ CURAR.
Al día siguiente, Raihan y Asiget amanecieron desnudos entre las sábanas. El Alfa permanecía aferrado a la espalda de la loba, manteniendo el rostro hundido en su nuca.
El brazo de Raihan que rodeaba la cintura de Asiget le impedía moverse con libertad, pero ella no hizo el menor intento por apartarse. Comprendía el motivo de aquella actitud. Después de todo lo ocurrido la noche anterior, Raihan seguía inquieto, tanto que ni siquiera durante el sueño parecía haber encontrado descanso.
Asiget n