Asiget permaneció sola en el pasillo y soltó un pequeño resoplido de fastidio. Incluso rodó los ojos con irritación cuando la sirvienta desapareció doblando el corredor.
Hasta el momento, las únicas personas que realmente la habían tratado con cierta humanidad dentro de Argán habían sido Cristóbal y Celia. Y aun así, Asiget era lo bastante consciente como para comprender que gran parte de aquella consideración provenía del valor que tenía su sangre para ellos.
Asiget permaneció allí durante un