Cristóbal levantó la vista hacia D'Artagnan. Durante unos instantes ninguno de los dos emitió sonido alguno. Bastó aquel breve intercambio de miradas para comprender que ambos habían llegado a la misma conclusión.
Aquello desafiaba cualquier explicación lógica. Habían desenterrado un cadáver convencidos de que pertenecía a Asiget y, sin embargo, el Alfa acababa de demostrar, con una certeza imposible de discutir, que aquella mujer jamás había sido ella. La revelación resultaba tan descomunal qu