16. El comienzo de un infierno quemando lento
—Lo juro, alguien llamó diciéndome que encontraría a Rafael herido y tirado en la calle —Azucena repite a la policía sentada frente a él y con Rafael, de hecho, detrás de ella—. No reconocí la voz. Era una voz distorsionada, algo extraña.
—Me parece que quizás fue una simple coincidencia y usted se alteró por una broma —el policía deja de escribir. Han llegado a una estación cercana de la policía para anotar los acontecimientos, extraños y sin explicación alguna—. Ya vio que el señor Montesinos