Oliver
Después de recibir una bofetada totalmente inesperada mi instinto me pedía a gritos que la castigara, y la hiciera pedirme perdón.
“¿Quién se cree?” pienso indignado.
La jalo de manera automática para tenerla más cerca de mí, y enfrentarla en igualdad de altura, ya que la silla me limita mucho movimiento.
— Adivina — Me dice ella llena orgullo — Eres tu quien no me dejaba irme, eres tu quien pide que esto continúe funcionando, ahora te toca a ti descubrir porqué…
Se acerca más de lo que