—Comamos. —Sawyer, como el jefe de la casa ha dado una orden.
No estoy aquí para un romance de verano. Estoy aquí para ayudar con la cosecha. En unas pocas semanas, me habré ido, no puedo pasar eso por alto, no importa cuán buena esté la hermanita de Sawyer.
—Alabado sea el Señor y pasen los bisquets. —Ella se sienta frente a mí, y esta vez cuando nuestros ojos se encuentran, una pizca de sonrisa se dibuja en sus labios.
Nuestras miradas se entrelazan como si compartiéramos un secreto y todas m