23. Capítulo
No quiero recibir más lastima de la que desconocidos me dedican al andar por la calle. Aunque solo sea mi impresión, la horda de transeúntes están sumidos en sus propias vidas, sin reparar en nada más. Ese estúpido bar es mi parada, siento que la vida se ríe de mí; mi padre escapa del vicio y yo en este instante recurro a la bebida, salida fácil que solo desaparece "aparentemente" cualquier embrollo, luego te lo regresa con una maldita resaca y remordimiento incluído.
-Una fuerte, por favor -o