JANE
“Oh, tu boca es tan dulce como tu coño,” dijo, gimiendo.
Puse mucha saliva en la cabeza de su polla, la lamí, luego subí y bajé mi mano por su eje tan rápido como pude.
“Oh, Dios mío. Oh Dios mío. Ahora me estás mano-follando.”
Le había dado un nombre a mi acción. Me sentí tan orgullosa de mí misma.
“Quiero que te asegures de que me ponga más duro de lo que nunca he estado. Quiero que grites mi nombre de placer cuando tome tu coño otra vez. Oh, Dios. Sabes… Sabes justo cómo hacerlo. Chúpam