LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 22. Un golpe de calor
Sebastián bufó como si fuera un semental mal atendido y solo un segundo después soltaba el teléfono para ir hasta aquella caballeriza donde Michelle se peleaba con Emperatriz.
—¡Si es que las dos son iguales! ¡No sé ni para qué lo intentas!
—¿¡Estás diciendo que me parezco a la yegua!? —siseó ella furiosa.
—¡Jamás diría algo como eso! ¡El pobre animalito no se merece una ofensa semejante! —espetó Sebastián y solo unos segundos después esquivaba aquella rodilla como todo un experto.
Alcanzó uno