CAPÍTULO 20. Una pesadilla
CAPÍTULO 20. Una pesadilla
Pero ninguna de las dos cosas ayudaba. Aquel toque cálido y sensible había sobresaltado a Elijah, pero saber que la mano que lo acariciaba era la suya no haría que se moviera menos.
—¿Qué estás haciendo, Lynett? Déjame —intentó refunfuñar, pero ella simplemente lo sujetó por el elástico del pantalón.
—No te muevas, deja de ser tan odioso —gruñó entre dientes—. Solo estoy tratando de ayudarte. ¿O me vas a decir que no te duele?
Elijah apretó los dientes, pero antes de