CAPÍTULO 28. Paseo a la Hacienda
Sofía:
Al llegar al aeropuerto, fuimos trasladados por mi chófer hasta la mansión de Rafael, la cual no tiene nada que envidiar a un Castillo de la realeza. Era una casa inmensa y preciosa. Cuando nos acercamos a la edificación, pude observar a este, de pie en la entrada.
«¡Dios mío! Este hombre hace que se le bajen las bragas a cualquiera» pensé, sacudiendo un poco mi cabeza y con ello mi larga cabellera rubia, la cual llevaba atada como una cola de caballo, moviéndose esta de un lado a otro,