El profundo suspiro que escapa de sus labios al apoyar la cabeza en mi hombro me llena de consternación. Ella tampoco me suelta, lo que me confunde aún más.
—Lo siento, Levi. No hay nada que me gustaría más, pero tengo un dolor de cabeza terrible y necesito acostarme temprano. En otro momento —dice Stella.
¿Otra vez con dolor de cabeza? ¿Estás bien? ¿De verdad estás bien? —pregunto, levantándole la barbilla con el pulgar y el índice para poder ver profundamente sus ojos azules y borrosos—. ¿Qué