Pero no eran solo las cámaras. Nuestros porteros vigilaban y denegaban la entrada a cualquiera que consideraran sospechoso, sin explicación alguna. Teníamos bármanes y camareras a quienes se les había enseñado a vigilar las bebidas de los clientes si las dejaban desatendidas para evitar contratiempos desagradables.
Teníamos seguridad en todas partes.
Entre nuestra clientela nuestra imagen importaba.
Hicimos un trabajo excelente. Crave era conocido como uno de los clubes más seguros de la ciudad