Mundo ficciónIniciar sesiónUna noche, solo una noche bastó para que mi vida cambiara completamente. Una noche donde viví de todo, la mejor de las experiencias y una de las peores y más frustrantes decepciones, cuando te das cuenta que todo fue eso, solo una noche más, que no podrás borrar con nada del mundo y mucho menos cuando ahora estarás atada a esa persona sin poder evitarlo. Pero cómo la persona más dulce y divertida puede ser la misma que tenga frente a mi, a la cual se le ve la arrogancia y lo engreído hasta por los poros, debo aprender a controlar mis impulsos, o bueno creo que ya es tarde para eso, ya no hay vuelta atrás ahora estoy sumergida en esta vida que jamás imaginé que algo así me podría pasar. Un hijo, un hijo que jamás que jamás estuvo en mis planes tener y mucho menos con un completo desconocido, mi vida a cambiado y todo por mis arrebatos.... Mi vida era tan tranquila y ella vino a ponerla de cabeza, solo una noche le bastó para cambiarla por completo, ahora no se como actuar frente a ella después de comportarme como un completo imbécil, lo que menos quiere es mi apoyo y eso me desconcierta completamente.
Leer másElyna yacía sentada en la cama del hospital con la espalda rígida, como si cualquier movimiento pudiera desmoronarla.
Sus manos permanecían sobre las sábanas blancas.
Sus ojos seguían vendados, cubiertos por capas de gasa que presionaban su rostro y se sentían como un recordatorio constante de la oscuridad que había gobernado su vida durante los últimos tiempos.
Dos años sin luz. Dos años aprendiendo a existir sin ver.
El olor a desinfectante flotaba en el aire, limpio y penetrante.
A su lado, la enfermera se movía con suavidad, con gestos cuidadosos.
Del otro lado estaba Vera, apretándole la mano con fuerza, como si ese contacto fuera el ancla que impedía que Elyna se perdiera en sus propios miedos.
Vera había estado con ella desde siempre. Desde la infancia, desde antes de la tragedia, desde antes de que el mundo se apagara. Era su voz firme, su sostén silencioso, la única que había visto de cerca cómo Elyna se reconstruía una y otra vez.
El sonido de la puerta al abrirse hizo que Elyna contuviera la respiración. Su corazón dio un salto violento.
—Buenos días, señora Senegal —anunció una voz masculina—. Espero que se sienta tranquila.
Era el doctor Lombardo.
Elyna asintió apenas, aunque la palabra “tranquila” le parecía absurda. Por dentro era un torbellino de expectativas, miedo y esperanza.
La habían operado ayer, y hoy, por fin, sabrían si la operación para recuperar la vista era exitosa o no.
—Doctor… —su voz tembló pese a su intento de control—. Es una pena que mi esposo no haya podido venir.
El silencio que siguió fue breve, pero pesado, casi hiriente. Elyna frunció ligeramente el ceño.
—¿No ha llamado para preguntar por mí? —añadió, aferrándose a esa pregunta, como quien se aferra a una tabla en medio del naufragio.
El doctor dudó. No lo vio, pero lo sintió.
La ceguera había afinado sus sentidos de una forma cruel y precisa; sabía reconocer las pausas incómodas, las respiraciones contenidas, las mentiras que aún no se pronunciaban.
—Lo siento —respondió finalmente—. No ha llamado. Intenté comunicarme con él esta mañana, pero no obtuve respuesta.
Algo se quebró dentro de Elyna. No fue un dolor puntual, sino una fisura silenciosa que se abrió en su pecho.
Un presentimiento frío recorrió su espalda. Aun así, respiró hondo. No iba a derrumbarse. No ese día. No después de haber llegado tan lejos.
El doctor comenzó a retirar los vendajes con extremo cuidado.
Elyna no siempre había sido ciega.
Recordaba con absoluta claridad la sonrisa de Esteban cuando aún era su prometido, cuando sus ojos la miraban como si ella fuera el centro de su mundo.
Él era viudo entonces, cargaba un dolor silencioso y un hijo pequeño de ocho años que ella adoraba.
Elyna lo había amado sin reservas, aceptando su pasado, su duelo, su historia incompleta.
Se casaron enamorados. Amó también al pequeño Elías, lo abrazó como propio, lo cuidó como si lo hubiera parido.
Y luego vino aquel día fatídico que seguía grabado en su memoria como una cicatriz viva: la salida nocturna, el intento de secuestro, los gritos, el caos. No pensó. Solo actuó.
Se interpuso entre Esteban y el arma. El disparo resonó seco, definitivo. No la mató. Pero le arrebató la vista.
Después vinieron las promesas. Los votos cargados de amor y gratitud. Esteban juró cuidarla, ser sus ojos, no abandonarla jamás. Elyna le creyó. Con una fe absoluta.
—Hay muchas probabilidades de éxito —dijo el doctor—, pero debe mantener la calma.
Le pidieron que no abriera los ojos aún. El corazón de Elyna latía con tanta fuerza que le dolía el pecho.
Dos años de oscuridad. Dos años soñando con este momento.
—Ahora —indicó el doctor—. Puede abrirlos.
Lo hizo despacio, con miedo.
Al principio fue solo una claridad difusa, un resplandor que le quemó los ojos. Parpadeó, las lágrimas brotaron solas.
Luego, la luz comenzó a tomar forma. Contornos. Sombras. Rostros.
Fue como si alguien hubiera encendido una bombilla en una habitación oscura durante años.
—Veo… —susurró—. ¡Dios mío… estoy viendo!
La voz se le quebró. Vera la abrazó con fuerza, llorando sin evitarlo.
—Lo lograste. Por fin —repetía.
Elyna reía y lloraba al mismo tiempo. Su pecho estaba lleno de una felicidad tan intensa que casi dolía.
Todo lo que quería era volver a casa, abrazar a Esteban, mirar a Elías a los ojos. Entonces, una idea ingenua, casi infantil, brotó en su mente.
—Doctor… —pidió—, no les diga nada. Quiero sorprenderlos.
El médico sonrió, conmovido por su ilusión.
Cuando el teléfono sonó y el nombre de Esteban apareció en la pantalla, Elyna negó con la cabeza, suplicando silencio.
—Quiero ser yo quien les dé la buena noticia.
El doctor aceptó.
—El último procedimiento no dio resultado —mintió—. Aún no ha recuperado la visión.
—Entiendo —respondió Esteban con frialdad—. Gracias.
Elyna no percibió ese tono. Estaba demasiado feliz.
***
Horas después regresó a casa. Caminó sola, sin bastón. Subió los escalones con seguridad.
Cada paso era una victoria.
Al entrar, el silencio la golpeó con violencia. Se quitó los lentes oscuros… y entonces lo vio.
Un retrato enorme colgaba en la pared principal.
No era la madre difunta de Elías.
Era Esteban, abrazando a una mujer joven, vestida de novia. Hermosa. Radiante. Y junto a ellos, Elías, sonriendo.
El mundo se detuvo.
El miedo le estrujó el alma.
Negó con la cabeza, incapaz de aceptar lo evidente, y subió las escaleras casi corriendo.
Entonces escuchó los sonidos. Jadeos. Gemidos. Risas ahogadas.
La puerta estaba entreabierta.
—¿No temes que tu esposa nos descubra? —preguntó una voz femenina, dulce, aguda y venenosa.
—Elyna es ciega —respondió Esteban—. Aunque entrara, no podría vernos.
La mujer sonrió, sus uñas rojas acariciando el pecho desnudo del hombre.
—Incluso Elías dice que soy su mejor mamá —añadió la mujer—. Divórciate de ella, amor. Envíala a un centro médico lejos de nosotros, mi amor. Sé mío para siempre–
Antes de que terminara de hablar, él la besó con hambre.
El aire le faltó. Elyna retrocedió y cayó al suelo, cubriéndose la boca para no gritar.
Su esposo la engañaba en su propia cama, y el hijo que ella crio con tanto amor... ¡Era su cómplice!
Elyna bajó la escalera con pasos torpes y apresurados, apoyándose apenas en el pasamanos, como si huir fuera la única opción que le quedaba para no derrumbarse allí mismo.
No lo pensó. No se permitió pensar.
Simplemente, se dejó arrastrar por esa urgencia desesperada de alejarse, de escapar del peso insoportable que le oprimía el pecho desde hacía semanas, desde hacía meses… desde el momento exacto en que su vida comenzó a desmoronarse sin que ella pudiera detenerlo.
Sus ojos ardían.
No distinguía ya si lo que los nublaba eran lágrimas de tristeza, de rabia contenida o de puro agotamiento emocional.
Todo se mezclaba en una sensación difusa, espesa, como si el mundo se hubiese vuelto borroso no solo para su vista, sino también para su alma.
Sentía el corazón golpeándole con fuerza contra las costillas, un latido violento, errático, que le hacía temer que en cualquier momento simplemente se rompiera.
Entonces, una voz infantil la detuvo en seco.
—¿Mamita?
Perspectiva de Luciana. Tres años después…Durante estos años he continuado trabajando con Sandro, solo que desde hace un año ya asisto todos los días medio turno a la empresa, ya que Alana comenzó con clases de preescolar y así cuando los niños regresan a casa yo ya estoy ahí para estar con ellos, Sandro también se toma algunas tardes libres a la semana para pasarlo con nosotros, Julia sigue feliz con Gabo y después de que estuvieron casi tres meses de vieja hace tres años se encuentran viviendo felices juntos y nosotros estamos felices por ellos. En algunas ocasiones se quedan con nosotros algunos días o en la casita en la que yo viví y en vacaciones casi siempre tomamos algunos días para pasarlos con ellos en la cabaña, todo ha sido tan hermoso obviamente llegamos a tener algunas discusiones con Sandro, pero es normal todas las parejas las tienen y lo mejor es que siempre podemos hablarlo y solucionarlo sin dejar que las cosas se hagan más grandes de lo que realmente son, la verda
Perspectiva de Luciana.Hace tres meses que inicie a trabajar y la verdad ha sido genial, estoy haciendo lo que me gusta y lo mejor de todo es que lo hago desde casa, así puedo estar con Alana la mayor cantidad de tiempo posible, algunas veces por semana tengo que asistir a la empresa, pero solo medio turno y así puedo regresar temprano.Bastián esta muy bien, parece que todo lo ocurrido con esa mujer no tuvo consecuencias graves, algunas veces despierta en las noches llamándome, pero no es nada que no podamos controlar, Alana por su lado esta enorme y no es porque sea su madre, pero esta hermosa, es una bebé muy bien portada y sobre todo amada, todos la consentimos muchísimo y ella lo sabe (comienza a manipularnos con solo sonreír), pero es hermoso ver como Bastián la quiere y cuida, ya no se diga Sandro, es el más consentido con ella y muy responsable, a pesar que pasa horas trabajando siempre procura llegar temprano para poder dedicarles tiempo y en cuanto llega se hace responsable
Perspectiva de Sandro. Después de bailar algunas canciones llega Bastián con una rosa en su mano, debo confesar que todo esto también fue para que el pudiese tener un momento con ella, por lo que me separo de Lu y él le entrega la rosa a ella. -Es hermosa, muchas gracias. Le dice ella mientras se coloca a la altura de el y le da un abrazo y un beso. -Lu, debo hacerte una pregunta muy importante. Le dice él, sonando nervioso mientras me voltea a ver, yo le hago un pequeño asentimiento para que continúe. -Dime. Lo anima para que continúe. -Quiero saber si te puedo llamar mamá? Dice con mucha pena y nervios al mismo tiempo, me resulta encantador verlo así, muy pocas veces le resulta algo tan difícil de hacer, pero después de todo lo ocurrido y aparte la ocasión anterior que la llamo así yo se lo impedí debe ser difícil para el replantearlo ahora. Ella se deja ir y lo toma en sus brazos. -Claro que puedes llamarme mamá, para mi será todo un honor que lo hagas cariño. Dice mient
-Hola. Entra Sandro a la habitación, acercándose a abrazarme por la espalda. -Hola. Le respondo mientras me giro para quedar frente a él y darle un beso. -Qué haces? -Me daré una ducha aprovechando que Julia se llevó a Alana. -Te parece si lo hacemos rápido y salimos al jardín un rato mientras estamos solos. -Te bañaras conmigo y pretendes que sea rápido? Lo cuestiono con algo de picardía. -Si, prometo comportarme. Dice mientras comienza a quitarse la ropa, sonrió mientras entro al baño y hago lo mismo. La verdad no creí que hablara en serio pero así fue, literalmente fue una ducha rápida donde nos ayudamos a bañar uno al otro con algunas caricias incluidas y nada más, salgo y comienzo a buscar algo cómodo para ponerme. -Te gustaría salir a dar un paseo en lo que regresan? -Si, entonces tendré que ponerme algo un poco más formal. Le digo mientras le muestro la pijama que me pensaba poner. Terminamos de arreglarnos casi al mismo tiempo, solo me coloqué un poco de polvo en e
Perspectiva de Luciana. Después de todo el caos vivido los últimos días vamos de camino a casa de Julia, los niños están dormidos en sus respectivos carsite mientras nosotros vamos hablando un poco de los planes para estas pequeñas vacaciones con una pequeña música de fondo, y al escuchar de fondo una hermosa canción romántica y observar por la ventana me llega un poco de nostalgia, sé que la relación no fue como cualquier otra, no comenzamos en las mejores condiciones, pero me doy cuenta que ni una canción tenemos, ninguna primera cita como tal donde vamos a pasar una velada romántica o ese tipo de cosas que hacen las personas que comienzan a conocerse, nada solo muchos desacuerdos en un principio que todo se traducía a no querer ceder ninguno de los dos por lo que realmente sentíamos. -Qué pasa? -Nada, por qué? Le respondo al darme cuenta que me perdí en mis pensamientos sin darme cuenta que me estaba llamando. -Te distrajiste y tu expresión cambió en que pensabas? Decido confe
Perspectiva de Sandro. Ha pasado una semana desde la sentencia y hoy viene Casandra a despedirse de Bastián, me duele pensar que mi hijo no volverá a ver a su madre, pero se que es lo mejor, ella no es buena para él y soy consciente que solo le haría daño convivir con ella. -Estas bien? Me pregunta Lu mientras entra a la habitación con Alana en sus brazos. -Estoy incómodo, si por mi fuera ella no volvería a acercarse a Bas nunca. Ella se acerca y me da un pequeño beso en los labios. -El estará bien, siempre que tu lo estés. -Gracias. Le digo mientras la abrazo por la cintura y la beso, ella se aleja sonriendo cuando Alana comienza a exigir atención en medio de nosotros. Salimos de la habitación a buscar a Bastián para después esperar a esa mujer y terminar con esto de una vez por todas. -Estas listo campeón? Le pregunto mientras el se abraza a las piernas de Lu. -Solo si ustedes estarán conmigo. -No nos apartaremos ni un solo segundo. Le responde ella mientras le pasa la n
Último capítulo