CAPÍTULO 19

Debían pasar de las cinco de la tarde cuando Lía abrió los ojos y trató de desperezarse sin muchos resultados. Estaba cansada, exhausta de tanto llorar, pero de alguna manera aquel agotamiento profundo y silencioso le había traído un poco de paz.

Se levantó tambaleante y se acercó al espejo del cuarto de baño. Rozó con los

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