Ronan
—Estás tan cerca, pequeña loba… Me encanta lo fuerte que estás cabalgando sobre mi pierna, tomando lo que necesitas. Eres una niña tan buena… escuchas tan bien. Sé una niña buena y ven por mí, pequeña loba. Quiero que tomes lo que es tuyo. Lo que te doy… y mírame mientras lo haces.
Sus ojos se abren de golpe mientras deja escapar un gemido agudo, clavando sus uñas en mi bíceps. La sujeto con firmeza contra mi cadera, obligándola a seguir empujando su clítoris palpitante contra mi muslo.