—Bebe despacio, disfruta del momento de relajación. Esto no es una tarea con tiempo límite.
—Entendido —respondió Andrea, que no acostumbrada a beber, seguía mostrándose algo cohibida.
En ese instante, un hombre con máscara plateada se acercó por detrás de Vicente y le puso una mano en el hombro.
—¡Vicente! ¡Así que tú también estás aquí!
Vicente se volvió y, al ver que era Luis García, inmediatamente lo atrajo a su lado, pasándole el brazo por los hombros.
—El mundo es un pañuelo.
Luis se quitó