Hamburguesas, chocolate, aperitivos, refrescos.
Todas esas cosas que sabían tan bien, pero que Andrea no le dejaba comer. Por supuesto que no le gustaba.
Pero pensándolo mejor, había prometido a Julieta no contárselo a nadie, especialmente a su padre.
Si lo hacía, ella no le compraría más cosas ricas.
Así que Juan desvió la mirada.
—No hay razón, simplemente me gusta la tía.
Miguel pensó que aún era pequeño y no entendía la importancia del asunto.
Así que le dio unas palmaditas en la cabeza y le