⤝Gale⤞
La noche terminaba, y los primeros rayos de luz de nuestro dios Nibul se asomaban sobre el monte Oelo, tiñendo el cielo de un naranja cobrizo. Habíamos viajado sin descanso toda la noche, pero el rostro de Rain estaba marcado por el cansancio. Sus ojos, antes chispeantes, ahora pesaban como piedras. Sabía que no podíamos llegar a la aldea Cappa a plena luz del día, no sin levantar sospechas.
Nos detuvimos en una zona boscosa, a orillas del un río que cantaba suavemente mientras corría