—Si la quieren muerta, sigan corriendo. No dudaré en meterle una bala en la cabeza y acabar con su vida aquí y ahora.
Esa amenaza nos congeló a los tres.
Apuesto a que notó cómo nos quedamos inmóviles de repente.
El anciano se rió, sacando sus propias conclusiones.
—Ah, los tres poderosos alfas y su pequeña loba especial. Siempre recé para tener en mis manos un lobo gris. No sabía que caería directamente en mi trampa —dijo, haciendo que mis puños se apretaran.
—Y luego vienen los tres alfas, to