—No —espeté, más fuerte esta vez, mi voz resonando en la habitación.
—Son alfas. Son mis cachorros. Deberían estar bien —grité.
Me acerqué, mi mano temblaba al extenderla, pero no podía tocarlos. No quería, porque si lo hacía, se volvería real.
—Daemon —llamaron mi padre y Penny desde atrás, sus voces cargadas de algo que no quería nombrar.
—Simplemente no están llorando —dije rápidamente, volteándome para mirarlos.
Vi lágrimas en los ojos de Penny, e incluso mi padre parecía conmocionado.
—Eso