Ya podía decir que Sawyer era una persona muy tranquila y serena.
Él solo había cuidado de las niñas, volviéndolos a dormir, mientras yo estaba sentada en la sala de estar sollozando y bebiendo vino.
Estaba perdiendo la cabeza, pensando que mis hijas me necesitaban y que no podía hacer nada por ellos.
—Están dormidas —informó Sawyer al llegar a la sala de estar.
Noté que no tenía puesto el abrigo, tenía las mangas arremangadas y el pelo desordenado.
Parecía exhausto porque todos las niñas había