Sylvia
Hogar, dulce hogar, ¡ja, ja, ja!, luego de mi renovado cambio de actitud, no todo se veía mal, ahora incluso teníamos una nueva adhesión a la manda, pues Cora, la joven que rescatamos, dijo que le agradaría aceptar el ofrecimiento de asilo.
Al bajar de la camioneta recibí el efusivo abrazo de mi adorado Lluc, quien mentalmente se disculpó por cómo me evadía antes de que me fuera, prometió no hacerlo, si yo le aseguraba no irme. El pobre pensó que me había marchado definitivamente.
Noa