Apenas llegamos al hotel, nos dirigimos a la boutique de regalos en busca de algo que sirva como vestido.
—¿Esto cuenta como un vestido de novia? —pregunta Alejandro, sosteniendo un pareo blanco.
Le lanzo una mirada fulminante.
—Si quieres que parezca que me casé en la playa, borracha y en bikini, sí, perfecto.
Sigo revisando hasta que encuentro un vestido blanco sencillo, de tela fluida. No es un vestido de novia como tal, pero podría serlo.
—Bien, esto sirve. Ahora necesito un ramo.
Alejandro