Cuatro meses después.
Melissa pasó una mano por su vientre y sintió que la vida estaba yéndole bien dentro de lo posible. Agradecía que Forest le hubiese ocupado mucho más de lo habitual en las cosas de la manada. Para ella era agradable no tener que verlo o discutir, sobre todo solo porque él no se rendía en su afán de tratar de meterla en su cama.
Melissa escuchó la puerta del salón abrirse y la chica que había pasado ya un par de meses en aquella casa sonrió al verla. Melissa sentía una mez