— ¡Me duele!
El alarido salió de la niña justo cuando Raquel estaba a punto de sentarse en el banco de la terraza donde solía hacerlo. La loba miró en dirección a la niña y se encontró con un escenario que para ella era aterrador.
De algún modo, la niña que antes había estado correteando tranquilamente alrededor del árbol, ahora se encontraba en medio de la nieve, rodeada por un par de ramas nevadas y sangre saliendo de su rodilla, por no hablar del extraño modo en que su brazo está girado.
— ¡