ZARCO
Estoy en la elegante sala de la casa de Morgana, nervioso y expectante. La luz tenue de las lámparas de araña crea un ambiente misterioso. Morgana aún no ha llegado, pero su padre, un hombre distinguido de cabello plateado, me atiende amablemente con una sonrisa.
—¿Un trago, Zarco? — me ofrece, extendiendo una copa de vino tinto. Acepto con gratitud, sintiendo el líquido suave y afrutado deslizarse por mi garganta. El señor me mira con curiosidad, y sé que no solo estamos aquí para charla