CON LOS PADRES.
VICTORIA
Me levanto de la cama con los ojos hinchados, el peso de la noche sin sueño aún sobre mí. El agua caliente de la ducha me envuelve, pero no logra disipar la tensión que se ha instalado en mi pecho. El café humeante en la taza apenas toca mis labios, pero no puedo saborearlo. Mi mente sigue girando en torno a las palabras que le confesé a Zarco: "No tengo una loba interior". ¿Cómo podría tenerla? No soy como los demás. No tengo esa dualidad, esa bestia que se agita bajo la piel.
Salgo a