No dudó un segundo… Ella lo besó. Aferrándose a su cuerpo, lo besó una y otra vez, un beso que por supuesto, ese macho correspondió. Sus labios moviéndose con una sincronía perfecta, movimientos feroces y placenteros. Una de las manos de ese Alfa se infiltró bajo su blusa, tocando directamente su piel, dejando un rastro ardiente como fuego a su paso, hasta llegar a su pecho. Su otra mano fue lentamente desde la cadera de la hembra, hacia su trasero y…
¡Ella recordó el anillo! ¡Avergonzada, le