El pasillo se llenó de una tensión escalofriante, cuando el Alfa Zefor apareció frente a las dos hembras.
La presencia de ese macho era imponente, y la loba Renna, que había estado disfrutando de la confrontación con Adalet, sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza.
Los ojos dorados del Rey Alfa, brillantes y afilados como cuchillas, se clavaron en ella, y eso la hizo retroceder un paso.
—¿Qué está pasando aquí? —resonó la gruesa voz de ese macho, con una autoridad natural de un A