La puerta estaba cerrada con llave, y la frustración comenzó a invadirla. Había intentado abrirla varias veces sin éxito.
—¡M@ldita sea! —exclamó la loba, golpeando la puerta con el puño—. ¡¿Quién se cree que es?! ¡¿Quién carajos me encerró?! ¡Ese maldito debió enviar a alguien!
Con determinación, decidió que no podía quedarse ahí.
Con un movimiento decidido, tomó aire y se preparó.
¡POOOM!
Con un golpe preciso, rompió la cerradura y la puerta se abrió de golpe.
El aire fresco de la