Capítulo 25: ¡Me respetas, perra!
La puerta estaba cerrada con llave, y la frustración comenzó a invadirla. Había intentado abrirla varias veces sin éxito.

—¡M@ldita sea! —exclamó la loba, golpeando la puerta con el puño—. ¡¿Quién se cree que es?! ¡¿Quién carajos me encerró?! ¡Ese maldito debió enviar a alguien!

Con determinación, decidió que no podía quedarse ahí.

Con un movimiento decidido, tomó aire y se preparó.

¡POOOM!

Con un golpe preciso, rompió la cerradura y la puerta se abrió de golpe.

El aire fresco de la
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