Adalet estaba sola en el baño. Las manos apretaban con fuerza el borde del lavamanos. Respiraba rápido, desordenada, como si el aire no le alcanzara. El pecho le dolía con cada inspiración. Sentía que el corazón se le iba a salir.
Sus ojos verdes estaban hinchados, enrojecidos de tanto llorar. La nariz igual. Ya era madrugada… Y seguía ahí, parada, temblando, recordando cada palabra que su padre le dijo.
Él la había amado.
Él la había protegido.
Desde que la sostuvo por primera vez, fue