Megara
Megara
El veneno de la humillación sigue ardiendo en mi pecho como un fuego que se niega a extinguirse. Mis manos tiemblan de furia mientras camino de un lado a otro en mi habitación, como un depredador enjaulado, listo para destrozar a su presa.
¡No puedo creerlo!
Leonard, mi prometido, el Alfa al que he estado destinada, el hombre que debía ser mío por derecho, ha osado humillarme de la peor manera posible.
—¡Maldito seas, Leonard!— escupo entre dientes, sintiendo cómo la rabia burbujea