Capítulo 8: Su secreto.
—Ella me pertenece. — musitó Artem casi en silencio, y aquella frase fue comprendida por Niccolo.
El rubio sonrió, y negando a ese hombre que parecía tener una fijación mal sana con su prometida, decidió ser prudente y no caer en una provocación. Ya tendrían la oportunidad de hablar claro y de hombre a hombre. Notando aquello, Génesis sintió que su sangre hirvió. Artem no arruinaría su vida. No de nuevo.
Cuando aquella junta había terminado, Génesis recogió sus cosas sin prestar atención a Arte