Capítulo 140: Estado demente.
El avión despegaba, y pronto aquella enorme máquina de acero, se encontraba en el aire para salir de aquella ciudad que no le agradaba. Giles observaba a los humanos que viajaban también hacia aquel país del otro lado del mundo, y su desagrado no podía ocultarse.
—Señor Levana, ¿Quiere que le busque un café o alguna otra cosa? — cuestiono Émile notando la molestia en el rostro del hombre lobo que había cambiado su vida y la de sus hermanos menores.
—No. Pague una pequeña fortuna para viajar en